lunes, 18 de noviembre de 2013

Reseña: Piedad (Pietà)

Título: Piedad
Título Original: Pietà
País: Corea del Sur
Año: 2012
Director: Kim Ki-duk
Reparto: Cho Min-soo (Mi-sun), Lee Jung-jin (Kang-do), Kang Eun-jin (Myeong-ja), Woo Gi-hong (Hun-cheol), Cho Jae-ryong (Tae-seung)
Duración: 104 minutos

Sinopsis: “Contratado por prestamistas, un hombre vive como usurero amenazando gente brutalmente para que paguen. Este hombre sin familia, continúa su despiadada forma de vivir pese a todo el dolor que ha causado a un sinnúmero de personas. Un día una mujer aparece asegurando ser su madre. Al inicio, él la rechaza, pero gradualmente la acepta en su vida. Cuando decide renunciar a su trabajo y vivir una vida decente, la mujer es secuestrada. Asumiendo que pudo haberlo hecho alguien a quien hirió en el pasado, empieza a rastrear a toda la gente que ha atormentado”.

De vez en cuando uno se encuentra con cintas perturbadoras, llenas de brutalidad. Y no hablo únicamente de la violencia física o verbal. No, me refiero al retorcido mundo mental de gente que francamente se encuentra muy lejos de la palabra, concepto o definición de ‘ser humano’.

El director Kim Ki-duk entrega un complejo y crítico ejercicio que estremece a más de uno.

La trama se desarrolla de una forma tan relajada (mostrando imágenes y situaciones sin juzagar, sólo eso… mostrando) que hasta bien avanzada la cinta, es cuando realmente comienza todo.

Cuando alguien se da el lujo de trabajar y crear un marco referencial como el que hace el director, es porque el cierre va a ser algo excepcional.

En este caso, vamos conociendo las actividades de Kang-do (Lee Jung-jin); un cobrador de préstamos sin escrúpulos que gusta de aterrorizar cruelmente de los deudores de su jefe a fin de cobrar los altos intereses de los mismos gracias a seguros médicos obtenidos por las mutilaciones de los sujetos… es así como vamos odiando y temiendo a este personaje al que increíblemente se le justifica su forma de ser cuando la trama da un giro muy singular.

Se nos dan a conocer los diversos traumas del personaje; el dolor de haber sido abandonado por su madre desde pequeño. Su frustración sexual… el que en realidad todo lo canaliza a través de la violencia.

Y entonces, el destino le devuelve a su madre. No es para menos el mencionar que la cinta da un tremendo giro. Tenemos a lo mejor de la cinematografía de Kim Ki-duk aquí.

Está presente la crítica social y la burla al modelo económico actual. No se toca el corazón al mostrar una sociedad devastada y devaluada por el capitalismo voraz.

Los recursos cinematográficos empleados se dividen en dos partes, semejante a la misma historia. La riqueza en la propuesta es el ya patentado estilo de Kim Ki-duk: Estremecedoras tomas que complementan el discurso social del director.

Y eso es lo grandioso del filme; una historia sobre un sujeto que se gana la vida mutilando a las personas para que le paguen a su jefe lo prestado pero al mismo tiempo se reflexiona sobre cuál es la razón de ser de estos mafiosos que cobran exorbitantes intereses… que los bancos no prestan dinero al sujeto común. Lo que en algún tiempo solían ser bancos propiedad de un país, ahora son empresas privadas que se manejan como quieren.

Esta realidad está presente en Corea del Sur y en México… son lujares distantes pero unidos entre sí. Es la globalización: miseria para todos, riqueza para unos cuántos.

Con Piedad (Pieta) Kim Ki-duk se muestra en buena forma.
Y dentro de esta vorágine de ideas, la redención del cobrador de préstamos al conocer a su madre… el mundo de este tipo da un giro inesperado, lo pone de cabeza. Incrédulo al principio de que el destino lo recompensase con la presencia de lo más anhelado, rechaza a la mujer para después someterla y por último, amarla y reformarse para encontrar la paz y la tranquilidad arrebatada hace muchos años sólo para encontrarse con que la aparente felicidad no son otra cosa que espejos y humo.

No puedes hacer sufrir a una persona indiferente ante el dolor… El castigador es castigado únicamente hasta que posee algo que perder y entonces está listo para recibir el sablazo final y arrebatarle todo lo que nunca tuvo. La destrucción total, venganza planeada, pago recibido.

Piedad es una cinta que muestra pero que también esconde, nos deja volar y luego nos derriba. Una gran obra que vale la pena analizar si es que se tiene suficiente estómago para algo de este calibre. Definitivamente no para un público general pero tampoco es prohibitivo.

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