sábado, 2 de julio de 2011

Con Ustedes… El Nuevo Cine Mexicano

Cuando murió Pedrito en aquel avionazo del ’57, con él murió una forma de hacer cine. Ya nadie se tragaba los charritos, las familias “lloriqueantes”, los cómicos multichambas y las rumberas apesadumbradas porque no aceptaban lo mucho que les gustaba mover el bote.

El cine mexicano cayó en su primer bache, provocado tal vez por factores externos como el cambio generacional (provincianos citadinos transformados en universitarios clasemedieros), la propia crisis en Hollywood, la televisión…

En un intento de segundo aire, en el ’64 se convoca al Primer Concurso de Cine Experimental en Largometraje. Entre los ganadores encontramos En este pueblo no hay ladrones (Alberto Isaac), La fórmula secreta (Rubén Gámez). Con este concurso también se abrirían las puertas a lo que ahora conocemos como:

EL NUEVO CINE MEXICANO (de los setenta)

Nació hace cuarenta años, en el sexenio de Luis Echeverría, quien pretendiendo compensar la represión del sexenio anterior, finge dar cause a la libertad de expresión (la simulación se le acabó cuando allanó el periódico Excelsior, ejem, pero ésta es otra historia). Nombrando a su hermano director del Banco de Guiones, se dirigía el destino de un cine apoyado por el Estado. Fueron cintas críticas del sistema, preferentemente de izquierda que apostaban al interés por lo impactante de sus denuncias.

Películas de esta etapa que se deben ver: Mecánica nacional (Alcoriza, 1971), Canoa, El Apando (Cazals, 1975), El castillo de la pureza, El lugar sin límites (Ripstein, 1972).

¿Porqué fracasó? Empero que esta etapa fue un parteaguas respecto a la anterior, este cine no supo llevar al público a las salas. La pretención en tonos y actuaciones, y la renuncia a los temas familiares dieron como resultado a un cine apreciado por la crítica, pero poco reconocible para el gran público.

INTERMEDIO (La dama del buen cine… y las ficheras)

La cosa no mejoró con López Portillo, quien puso a su hermana Margarita al frente de la campaña cinematográfica, quien tuvo una idea espectacular: Contratar guionistas y escritores extranjeros para alcanzar un estatus y la internacionalización. Este experimento solo consiguió productos lamentables: Antonieta (Saura) o Campanas Rojas (Bondarchuk). Como suerte de venganza y capricho del destino, productores independientes crearon el “Cine” de ficheras: Personajes vulgares, vedettes encueradas, albures, argumentos chafas y una generación de grandes cómicos sobreviviendo con papeles deleznables.

La crisis de 1982 pareció poner lápida a la industria, de ahí que sea difícil hablar de una producción valiosa en los ochentas. En 1983 se creó el Imcine, pero con la desafortunada decisión de tenerlo bajo el control de la Secretaría de Gobernación. Hasta que a finales de la década, Salinas de Gortari revitalizó al Imcine al trasladarlo al Conaculta.



Y entonces sí, con el estreno de Rojo amanecer (Fons, 1989) dio inicio a lo que ahora conocemos como:

EL NUEVO, NUEVO CINE MEXICANO (de los noventa)

Es el cine ad hoc a la Salinastroika de inicios de los noventa, estudiantes de cine (CUEC Y CCC) Pretendieron retratar el esplendor de un México que ora si de veras por fin entraba al Primer Mundo.

El nuevo cine mexicano de los noventa que se tiene que ver: Danzón (Novaro, 1991), Sólo con tu pareja (Cuarón, 1991), Cabeza de Vaca (Echeverría, 1990), Como agua para chocolate (Arau, 1991), Cronos (Del Toro, 1992)

¿Porqué fracasó? No fracasó. Se estancó. Los errores de diciembre de 1994 pararon la producción. Además, mantenía el tufo intelectualoide propio de los directores universitarios. Era un cine destacado en festivales, pero que apenas generaba rentabilidad a la iniciativa privada.

INTERMEDIO (Un rincón cerca del nicho)

Un hitazo en el mercado transformó este cine: Sexo, pudor y lágrimas (Serrano, 1998). La película es complaciente y ñoña, e inaugura el género de las comedias románticas de los publicistas, personajes favoritos del penúltimo nuevo cine mexicano. Pero el apoyo de las distribuidoras como Fox cambió la promoción: espectaculares en avenidas, premieres, el tema de la película reproducido hasta el vómito, la promoción de un lifestyle wannabe que atacaba un nicho focalizado, es decir, este cine prefiere a los consumidores. La experiencia se expande con escándalos mediáticos como Y tu mamá también (Cuarón, 2001) o El crimen del padre Amaro (Carrera 2002). Pero la combinación de calidad cinematográfica, polémica, mercadotecnia efectiva y espejeos con le cine internacional se da con Amores perros, de Iñárritu. Y ora sí, señoras y señores, llega hasta nosotros…



EL NUEVO, NUEVO, NUEVO CINE MEXICANO (aka el Cine 226)

El financiamiento del Estado es uno de los muchos que se pueden obtener (pero sigue siendo el más importante). La reforma al artículo 226 del ISR, otorga estímulos fiscales a quienes financien cine, despierta interés de la iniciativa privada.

El éxito de los tres alegres compadres (Del Toro, Iñárritu y Cuarón) al hacer cine en el extranjero se traduce en un deseo de trascendencia. Preguntarse que tan mexicano es Babel, además de servir al ocio en foros de Internet, genera el sueño de internacionalización. Por eso se quiere un cine que aspire a lo universal. Que se vea lo menos posible “lo mexicano”.

Un cine que hable de ningún lugar, habla de todos. Esto también es consecuencia de la crisis de identidad nacional derivada del foxismo (pero ése es otro cantar)

El cine mexicano del siglo XXI que se debe ver: las de Carlos Reygadas – Japón (2002), Luz Silenciosa (2007), El violín (Vargas, 2006), Temporada de patos (Eimbcke, 2004)

¿Porqué fracasó? NO HA FRACASADO, ESTÁ EN PLENA EXPOSICIÓN. Por eso este cine se debe observar desde las preguntas: ¿Las películas de género reactivarán la industria o reproducirán esquemas chafas de éxitos hollywoodenses? ¿El rechazo a lo “mexicano”, es un termómetro de los tiempos, una necesidad creativa o un desplante pretencioso? ¿Mejor el cine de egresados de las escuelas o el de publicistas forjados al ritmo de los comerciales? ¿Cine comercial o de autor?

Los ruiseñores de los medios siguen repitiendo la consigna, cada vez más caduca, de que es importante apoyar al cine mexicano de calidad, como si fuera un apopléjico que necesita nuestra compasión para aprender a caminar.

El cine también lo hacen quienes lo miran. Hagamos cine mexicano mirándolo con exigencia.

Por Carlos Ramón Morales
noviembre 2007, cinemanía.

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